.MIS PASEOS. El Pacífico.


MIS PASEOS. El Pacífico.

Llena de deseo, me encontraba, de que llegara la tarde; para ir a ese lugar tan especial. Especial por el cosquilleo, las mariposas revoloteaban en el interior de mi estómago, sin saber quizás ni el por qué o a lo mejor sí: Aquel niño me miró ayer, como me miró no se mira más que cuando se está enamorado, bueno yo miraría así solamente en caso de estar enamorada.
El lugar no es necesariamente el más bello del mundo, ni siquiera el más bello que he conocido, pero tiene ese algo especial, esa diferencia con los otros lugares. En primavera sus alrededores campestres se colorean con las mil y una tintura provocada por los pétalos de las flores, ese olor natural del polen, a pesar de hacerme estornudar, pues soy un poquito alérgica. Seguro que la llegada de la primavera hace más larga la ansiada espera, la espera de su visita.
Aquellos tiempos son hoy recuerdos. Era joven, pensaba mil y una cosas, como todas las jóvenes, bueno y aún de vieja, disfrutamos de cuando algún galán nos hace algún arrullo. Hoy se es más libre y se hace de otra forma, pero entonces era con la mirada, los paseos por el pacífico, quizás por la cantidad de rosales de ese nombre. Nos gustaban los piropos entrecortados de los chicos. Ir a provocar el cortejo, en el buen sentido, de los polluelos. Vueltas y vueltas, miradas, guiños entrecortados. Me ha mirado…, ¿habrá pensado…? Ah, ah, …, oooh. Claro las ideas de la edad.
Normalmente esas miradas acabarían por compartir toda una vida, el pollo elegido o que te eligió y tú aceptaste, la vida entera. Los hijos, los buenos y malos ratos.
Hace unos años, no tantos como para necesitar una mano para contarlos, me decía mi nieta el resurgir de aquel lugar. Gracias a la idea de recuperar el sitio colocando un parque infantil, una arboleda y el recinto ferial. Noté como no sé qué en mi interior, pues a fin de cuentas forma parte de un tiempo de mi vida.
Había escuchado de la construcción de unos jardines, la preparación del entorno acorde a los tiempos, etc. No pasó mucho de aquello cuando manos a la obra nació el maravilloso recinto. Un lugar de jóvenes, para jóvenes y además bien organizado. Así tendríamos donde gastar un tiempo libre bien merecido después de muchos años de trabajo y luchas para conseguirlo. Este lugar nos vendrá muy bien a todos, pensé.
Largas promesas, tiempo transcurrido y adoquín va adoquín viene, rebajes y rellenos, al final aquí tenemos. Durante algunos meses pudimos disfrutar del preciado lugar. No había tomado todavía forma al banco cuando empezó a notarse las basuras, cristales y demás derivados de la nueva diversión nocturna, mal entendimiento del disfrute de los lugares públicos. No dudé en ningún momento, junto con muchas madres allí presente en levantar la protesta y buscar un remedio para aquel deterioro. La autoridad competente debía de tomar medidas acordes al problema. Así lo hizo pero no de la forma adecuada pues los resultados no han sido los esperados, es decir dejar el árbol como se plantó y mantenerlo con salud. Así debe ser el recinto. Pues si sólo se utiliza como escenario para las fotos, suena a una pérdida absurda de nuestros dineros. Debemos entender la rentabilidad de estos espacios necesarios. No de una forma tangible, cuantificable sino que se irá observando por la calidad de vida que el pueblo irá tomando.
De momento tuvimos que dejar de ir al sitio con los niños pues la dejadez es casi total. Menos mal que los pajarillos sí han visto mejorado su entorno pues con las lluvias hay un jaramagal fantástico.
Pienso que debían de hacerse unas campañas informativas para reeducarnos pues quizás no comprendamos la importancia de nuestro entorno, de la necesidad del civismo para la convivencia necesaria.
Nos solemos quejar de los pocos lugares sin alambrar que quedan en nuestro campo. Y no nos damos cuenta de eso cuando vamos y dejamos aquello pensando que es la última vez que lo pisaremos. Tendremos que decir. Tenemos lo que nos merecemos.
Al ser problema de todos, pongamos un poco todos de nuestra parte.
Una noticia de cierto periódico decía de la aprobación de unos dineros para la consecución de las obras de acondicionamiento del recinto de nuestro pueblo. Deberemos de sembrar muchos árboles y no regarlos ni cuidarlos. O por otra parte será mejor poner un cuidador en los pocos que comprendamos podemos mantener. Las zonas verdes en nuestro pueblo no son muy abundantes, quizás deberíamos tratarlas con el cariño de nuestras flores particulares. Echémosle seriedad, dejémonos de fotos, que para eso está el retratista. Las fotos son fotos, pero la historia pone a cada uno en su sitio, quizás algún día no muy lejano, a mí no me quedan muchos, vuelva a disfrutar de aquel lugar tan entrañable para tantas personas queridas. De otra forma más acorde a los tiempos pero lugar de encuentro de pequeños y mayores, de generaciones de triguereños civilizados.
Somos los animales, al menos así nos jactamos en nombrarnos, más inteligentes. Hagamos de este dicho una realidad. No le demos peso a este otro: el hombre es el máximo depredador.
        Un árbol, dos árboles, mil árboles…
        No hay agua, no hay manos, no hay nada…
        Un árbol, dos árboles, tres árboles
        Agua, manos, cariño, hay vida,
                Aire en todos los rincones.
                Venga si no tiene que ser tan difícil, hay lugares donde se ha conseguido.
                        Consigámoslo.

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