(RELATO 4º) UN HOMBRE DE GAFAS NEGRAS.


(RELATO 4º) UN HOMBRE DE GAFAS NEGRAS.

         Visité el otro día el convento del Carmen, donde comencé mi formación muy de pequeño; ahora llamado Centro Cívico Convento del Carmen, deleitándome con la restauración y ampliación del claustro antiguo y de la parte posterior respectivamente.
        Se han hecho grandes retoques para dejarlo, según parece, como pudo haber sido en un principio, que no como se encontraba antes de comenzar las mismas. En cuanto a estilo me refiero, pues no a su estado, el cuál era deplorable dado la dejadez reinante.
        Cuando de pronto, observo... Absorto mirando un rincón se encontraba un hombre alto, enjuto, de amplia barba aunque cuidada, melena recogida en coleta y gafas de sol. Dicho personaje me resulta conocido.
        Surge en mí el ansia de acercarme a él, preguntarle y así salir de dudas. Está parado desde hace largo rato en ese lugar.
        Cuando estoy a punto de romper la barrera que me impide tomar contacto con él, surge en mi mente una imagen nítida en la que aparece: dicho personaje, un niño de unos cuatro años y una mujer de corto pelo pero muy caracoleado. El niño se acerca al rincón, y delante de la imagen que allí se encuentra, deposita una lata de leche condensada. Levanta la mirada cruzándola, con la rapidez de un flash, con la imagen de la pared, la mirada del hombre alto y delgado traspasando los cristales de sus gafas negras. Por último se acerca la mujer de los caracoles.Acierta a decirle: -¿Es para él?.
     -No, es para otros niños más desafortunados que tú. Pues viven en un sitio donde no tienen que comer. Él es el mensajero encargado de llevarles estos alimentos-- Le responde la mujer.
     - El hombre le indica con el dedo-- Delante de la imagen de nuestra madre-- apuntando a la imagen del rincón-- que nos hace hermanos, te doy las gracias en nombre de esos niños y te digo que nos volveremos a ver otra vez aquí.
     De pronto casi sin percatarme de ello, me encuentro junto al señor de gafas negras.
     Al llegar hasta él me saluda. Me suelta como si nos conociéramos desde siempre:
    - ¿Te acuerdas de aquel día?. Te dije que nos volveríamos a ver. ¡Espero sigas con el corazón tan lleno de esperanza como entonces!-- dijo.
      No supe que contestarle. Le saludé cordialmente, anonadado por su presencia y claridad.En ese instante apareció la mujer de pelo corto, aunque más blanco, diciendo:

     - Veo que ya os habéis encontrado. Nada más llegar, preguntó por el niño de la lata de leche, tenía esperanza de llevárselo para que le ayudara en su ardua tarea-- dijo refiriéndose al personaje de gafas negras.
      -No puedo ir contigo, pero tal como aquella vez, delante de nuestra imagen. Para ti no sé, para mí solamente me recuerda a una madre con su hijo en el regazo, por ello en su nombre y en honor de todas las madres del mundo te digo: tienes todo mi apoyo y desde aquí intentaré ayudarte en todo lo posible para con los niños necesitados del mundo--le ofrecí.
     Él agradeció la generosidad diciendo-- estaremos en contacto, ya te llamo. Tienes mucho que aportar, al igual que mucha más gente en este mundo.
     ¡Ven tú también! Conoce el Centro Cívico Convento del Carmen. La imagen testigo está en el mismo lugar, en aquel rincón donde dos personas se comprometieron con una buena causa. Ya sabes, al fondo a la izquierda. Defiende tu causa.


(NOTA DEL AUTOR.Relato publicado en Historias de Aquí.'99.Después recogido en SALPICADURAS)

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