13º RELATO.“AMIGOS”. La Odisea De la Cartera.

13º RELATO.“AMIGOS”. La Odisea De la Cartera.

En nuestro pueblo como en todos, pues al parecer ocurre en los sitios más recónditos, tenemos tantos “amigos”.
En nuestro pueblo tenemos un cartero que no por listo, igual lo es, sino por mucho de oficio en el lugar de referencia, sabe de los vericuetos necesarios para no dar más pasos de los ineludibles en s diatriba diaria de hacer llegar la correspondencia a su destinatario. Pero como todas las personas con trabajos de personas, no todas claro, cogió sus, bien merecidas, vacaciones.
Con plena diligencia en su quehacer el mandatario correspondiente nos colocó otro cartero, bueno era cartera, cosa muy beneficiosa para todo eso de la igualdad y demás, pero que no viene a cuento aquí. Sí haremos referencia a su subcontrato, por hacer algo vamos no del todo, todo…
Ésta se encontró un trato agradable y todo el apoyo por parte del resto de la plantilla habitual, no obstante no es suficiente ya que normalmente se reparten por zonas determinadas y por tanto cada uno a su zona.
Llenó su carrito, que modernura esto de los carritos, bien les alivia el peso de tanta propaganda, hasta la mitad por sugerencia de los experimentados compañeros. Con toda su energía de novata, los croquis e indicaciones de sus compañeros, se hace a la calle y comienza su andadura de primer día de odisea. Sigamos. Primera calle, primera casa: Don Fulano calle tal, el hombre en la puerta, muy bien. Buenos días, ¡qué hay!, usted es nueva, ¿y nuestro habitual cartero, nos lo habéis jubilado? Pues sí, bueno no. Vamos, quiero  decir que soy nueva, pero que no han jubilado al otro cartero, sólo tomó vacaciones, que no es tan viejo como para jubilarse. ¡Ah no están viejo. Como tarda tanto en repartir las cartas! Bueno que tengo camino por delante, Gracias. Regular como piensa el vecino de los carteros.
¡Hola! ¿Sabe quién es Mengano?, es que la dirección no corresponde con la indicada, ya pregunté y no supieron contestarme en esa dirección. Sí claro, mira en la calle hay catorce Menganos pero Fulgencio debe ser el del piso aquel con el número tapado con barro. Pregunte allí  a ver si hay suerte. Le conocemos como el “Pipas” pero eso no lo pondrá en la carta. ¡Verdad! , como comía tantas pipas, pues…Gracias de todas formas, lo intentaré.
¡Holaaa…! Carteroooo… Vive aquí Mengano Fulgencio. Sí gracias. Es que como no tiene número en la puerta. Sí es por culpa de los chicos que como decían el número tapado con barro, cuando les preguntaban, pues lo tapamos para que verdaderamente correspondiera con la realidad. Cosas de críos, ya se sabe. Bueno, bueno muchas gracias, aquí tiene sus cartas. Regular, dice que cosa de críos, a ver quién está peor, los niños o los padres.
Perdone me puede decir si conoce a Mengano Fulgencio Trocito Más. Sí me parece que es esta casa seguida. Toque en la puerta, es un buen amigo, no se preocupe. Anda dice que es buen amigo y me dice que no sabe seguro si es el nombre o no.
Buenos días, sus cartas. No, pero no son para mí, yo me llamo Mengano Fulgencio Y Otro Más, pero el que buscas vive en la casa de los azulejos de tacones. Era conocido por todo el mundo por vender los zapatos de tacones más bonitos y fuertes de todos los alrededores. Tenían una almohadilla en el centro, que te venían de perlas para las verbenas de los toros, esas que de tanto bailar, acabas saliendo en el “videdo camunitario”. ¿Usted no tiene zapatos de él? Si quiere le puedo hablar. Claro usted no será de aquí. No, pero muchas gracias. No los necesito de momento, gracias por su sugerencia, gracias. Aquí el que no corre vuela, menuda gente especial la de este pueblo. Todo el mundo a qué se dedica el vecino por las noches después de tirar la basura, enciende la luz de la despensa para pensar. Pues son todos muy amigos, pero no saben ni cómo se llaman. Bueno a mí me da igual, intentaré repartir lo que me queda si no quiero volver con medio carro todavía, que el contrato del mes va a resultar indefinido.
Hola buenas, ¿Don Mengano Fulgencio Trozito  Más’. Sí es usted, pues firme, tiene usted una carta certificada. Certificada. No será de Hacienda. Es que yo por las noches fabrico los mejores zapatos de tacones con almohadilla del mundo. Les servirá perfectamente para las verbenas de los toros, cuando tanto se baila que hasta acaba saliendo en el “videdo camunitario”. Sí ya, pero no, es de un particular, gracias tengo ya zapatos, gracias no me puedo parar más. Ya me contaron. ¡sí, quien el “Piernas”!. Sí es un buen amigo vive en la casa de ahí arriba, su mujer es muy buena persona, hace un estofado calentito para chuparse los dedos. ¿Cómo se llama? Mari, sí me parece que le dicen la Mari, Adiós.

Bueno menos mal que a partir de aquí comienza una barriada nueva y los números están recientes. Bueno hay dos números ahora, uno reciente y otro antiguo, habrá que guiarse por el antiguo como me dijeron en la oficina. Al parecer ponen el antiguo por falta de costumbre y porque si no podría mandar la carta al número del amigo de arriba. Deberían permitir las referencias por el apodo, a ver si así se conocen de verdad. Muy amigos y todo lo más pero… me doy cuenta de la apreciación de la palabra “amigo”, del apodo y de diferentes alusiones de la gente que tenemos por costumbre, cuando verdaderamente cada casa es un mundo como dice el refrán. Seremos lentos los carteros después con lo facilito que es saberse todos los entuertos estos.
Bueno si no es usted por qué no puso su apodo a ver si así lo conocen. Oiga no se ponga así que tampoco es para tanto, para el trabajo que hacen, repartir cuatro cartas, también se van a quejar. Tome su correspondencia, y perdone no he querido molestarla.
Desde luego, vaya día después somos lentos. Este mes, buff ya va quedando menos, si no me hiciera tanta  falta el dinero. Pedazo de mosqueo me ha pillado la señora.
La barriada nueva ha sido diferente. Todo a su sitio y parece que hasta me ha calmado un poco.
Por fin el rótulo de la oficina a la vista. Me suena a un oasis en el desierto. Les cuento a mis compañeros mi particular odisea. Mi batallador día. Me responden que este y los otros pueblos son iguales. La celestinesca surge de tantas anécdotas de la relación de vecinos que se conocen más por quién tuvo cuatro o cinco novias o novios que por su amistad,  su nombre o algún distintivo lógico. Le darán valor a lo desconocido aumentándolo para quitárselo a lo cercano y cotidiano aunque a las malas se maten por ello. Ya se dijo, no serás profeta en tu tierra. Todo el mundo sabes lo que eres, pero quien vivirá contigo sí te lo reconoce. El “amigo” es muy ligero.
Sí ese es amigo mío, trabaja en aquel sitio, tiene un coche rojo SCX80 con aire acondicionado, una vez me invitó en el bar y yo lo invité a él dos veces, me debe una. El nombre no me acuerdo ahora mismo, pero se lo pregunto a mi mujer que es muy amiga de la suya.
Es una forma muy peculiar de tener “amigos”. Cierro mi puerta y el mundo comienza de verdad. El interior de mi casa limita la amistad.
Ya irás aprendiéndote los motes, las costumbres de los pueblos,  tan junto vivo que no te conozco.
Intentaremos aparentar todo lo contrario pero aparece de pronto alguien, nos cuenta su vida, se olvida de por quién le preguntamos, nos convence de que debemos escucharle. Cuando llega el tiempo previsto en perder contigo, corta en seco la conversación y nos dice, bueno lo siento que tengo que recoger la ropa puesta en el horno, no vaya a arrugarse mucho el pollo con el sol que hoy está nublado y los chícharos han subido de precio.
Gracias por todo “Amiga”.

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