(RELATO 3º) POR UN OLVIDO.BUUFF,QUÉ RATO.

(RELATO 3º)  POR UN OLVIDO.BUUFF,QUÉ RATO.
        Lo pienso y lo vuelvo a pensar y aún no puedo creerlo. Estaba  intentando recordar lo ocurrido la noche pasada a un servidor de ustedes.
       Me veo sentado sobre mi cama, como todas las noches a la hora de dormir. Me desvisto sin ninguna anormalidad fuera de lo común. Bueno ahora que lo pienso hay algo diferente a todos los días. No es más que el dolor de pies que tengo al quitarme los zapatos, recién estrenados esta mañana.
       No lo recuerdo con toda claridad, todavía. Me observo dentro de una nebulosa que no ayuda a verme mejor para poder determinar lo ocurrido. Más bien que lo ocurrido, el por qué me ha ocurrido.
       Luces encendidas, la de la mesita de noche, la del centro de la habitación, pero ni por ello veo más claro. Supongo no es una cuestión de luz sino de claridad mental.
       Mis zapatos nuevos, eso sí, los veo brillantes. No se han arañado siquiera. Tal como una noche más me desvisto, me coloco mi pijama de punto, pues aún refresca al alba. Tiene unos muñequitos muy graciosos, pollitos saliendo del cascarón. Coloco mi vaso de agua en la mesita de noche. Bebo un sorbo del líquido.
       --¡Ah, ya tengo algo infrecuente en mí!. Bebí agua antes de dormir, cosa no habitual.
      Me recuesto sobre la cama. Un momento, algo se me olvida. ¿Qué es?. No consigo recordarlo. ¡Vaya!, apago la luz, pero sigo dándole vueltas a ese olvido, sin conseguir hallarlo. Tantas vueltas me hacen coger un sueño poco profundo.
      A ver repasemos. Me desvestí. Me coloqué mi pijama. Bebí un sorbo de agua. Apagué la luz central. Seguidamente la de la mesita. Hasta aquí sólo anormal lo del sorbito de agua.
      Sigo viéndome: estoy travelado, como se dice por aquí, al no estar dormido profundamente. Aparecen unos ojos brillantes delante de mí. Centrado en un gran agujero negro. Me encuentro acongojado. Intento darme valor. Me digo a mi mismo: " no es nada, debe ser un sueño y los sueños no hacen nada". Pero ahí están sin pestañear, esos ojos, cuyo brillo parecen alumbrar a los míos directamente. Nunca había tenido este sentimiento que tengo ahora: congoja.
       ¡Un momento! estoy sintiendo un frío helador en las plantas de los pies. ¿Qué será esto?. No me atrevo a mirar hacia abajo. ¿Será ese extraño agujero negro?. Igual me está dando un soplo con su helador vahído. Me aprieto más, pero contra qué. Contra mí mismo, " la cuestión es pasar este mal momento", me digo.
      Los ojos me miran más profundamente, si cabe. Siento una gran humedad. Mi cuerpo está humedeciéndose por momentos. Es una sensación real, ¡no puede ser un sueño!. Pero yo soy una persona preparada, no puedo creer en que esto me lo provoca un agujero negro de ojos brillantes.
     Un sonido, sí, es la lluvia lo que oigo. Parece que ha empezado a llover, sobre un cartón o algo así, estoy escuchando el sonido del agua amortiguado. ¿Será una gotera sobre la moqueta del piso?.

      Estoy notando cambiarme la sensación fría de las plantas hacia arriba, en un cambio de sentido y además esta vez la humedad es caliente.
     De pronto noto mi pie resbalarse precipitadamente, sin poder retenerlo. Buufff,  mi cabeza. ¡Qué ha pasado?, he notado un fuerte golpe en medio de mi vasta frente. Logro levantarme a trompicones, encender la luz. ¡Eureka!, ha desaparecido mi agujero negro, mi congoja disminuye lentamente.
     Pero no puede ser. Mi agujero negro se ha convertido en una persiana mal cerrada, por la que entraba los rayos de luz del alumbrado público. He sentido miedo, he temido a una persiana. Es de risa. Por lo menos ahora.
      Me observo, me miro, sin podérmelo creer.¡Qué desastre!, acabo de verme el inmenso chichón de la frente, además hacia un lado. Para mañana servir de guasa: " ¿te están saliendo?..." me lo veo venir.
      Me pregunto con qué pude resbalar. Miro el suelo, está empapado y peor aún: ¡mis zapatos nuevos!, recién estrenados desde la mañana. Parecen una lata de coger goteras, a medio llenar.
      ¡No puede ser!. ¿Qué me ha pasado?. Mi pijama está empapado desde la cintura hasta los pies. Ahora empiezo a comprender que me ha pasado esta noche. “Me he meado encima".
      ¿Cómo ocurriría?. Es mi primera vez en los diecidoscientos años que tengo.
       Parece increíble lo que puede provocar un olvido en una vida rutinaria. A mí por lo menos esta vez me servirá para recordar lo que había olvidado: "No fui a hacer pis anoche".
       Una persiana mal cerrada, un olvido, pensar o intentar recordarlo y un mal sueño puede desencadenar en un mal rato.
      Hoy pienso: "El miedo entre sueños puede aguarte una noche, ¡Verdad!".

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