8º RELATO. Molino Fluvial: Invento Inteligente.

8º RELATO. Molino Fluvial: Invento Inteligente.

Siempre he sabido o he creído saber, de qué está hecho el pan. Siempre ilusioné la visita de un molino. He querido ir a moler trigo, poder manipular aquellas maquinarias, seguro complicadas, necesarias para conseguir la transformación de las sémolas de trigo en harina y ésta en pan. Pero nunca se me pudo ocurrir que fueras a invitarme a visitar tu trabajo, le dije al molinero al pasar ante mi puerta, en plan de seducción. Más grata fue mi sorpresa cuando me respondió, Venga vente conmigo hoy para que en verdad conozcas y toquetees esas maquinarias que tanto sueñas, verás cuando vuelvas como no me pides esto otra vez. Será fantástico observar y aprender de tu experiencia, vamos allá, le respondí para su asombro. Las maquinas del molino son grandiosas a la vez que sencillas por su naturaleza, nunca mejor dicho, puede utilizarse para mil y una cosas, le interrogué. En verdad que aunque allí solamente las utilizamos para moler harina, se puede hacer infinidad de cosas, moler trigo, aceitunas y hoy día generar electricidad, etc.
Al llegar al montículo donde está enclavado, impresionan tanto la grandeza de sus paredes como la cegadora luz que refleja su blanco inmaculado. Blancura majestuosa solamente capaz de conseguir nuestro “maese” Froilán, las paredes acicaladas como solamente él sabe conseguir a base de infinitos e interminables encalados, “maese” es la persona de la fábrica a tenerla reluciente. Cuando termina por una punta la otra está pidiendo de nuevo, todo ello debido al natural enclave junto a la ribera. Hay una gran humedad y en invierno si no se está encima rápidamente surge un verdín mugriento quitando la lozanía de la cual hacemos honor, me contó.
Desde una punta a otra y siempre blanco, todo lo que te rodea en el molino es blanco desde el silo donde el blanco amarillento de las semillas de trigo parecen brillas hasta el reluciente color polvoriento de la harina recién molida y cernida. Puedes notar que te falta algo, después de largo rato de observación, notas que es el color lo que echas en falta.

El molinero está acostumbrado a contar todo eso con un canturreo a ritmo del gorgoteo provocado por los vaivenes del agua al pasar por las diferentes compuertas, para chocar contra las rocas, volviendo en dirección a la tolva donde está enclavada las palas capaces de hacer girar cualquier cosa. En este caso los conos de piedra, destinados al aplastamiento de las semillas de trigo. Mediante ejes se transmite los diferentes  movimientos para conseguir hacer rodar estas inmensas piedras conoidales que te hacen estremecer al rugir y temblar el suelo. La función del molinero consiste en la tan fácil como complicada tarea de abrir y cerrar palancas y manivelas, destinadas a cortar o dar paso al agua bravía de la ribera, para amansarla y dirigirla a realizar su función: mover las distintas norias capaces de hacer funcionar el invento. Como es de menester debe dar el agua suficiente para que ruede, así como controlar el exceso para evitar alguna rotura por falta de control.
En el mismo molino encontramos la casa del molinero, habitáculo pequeño, austero pero pulcro, y eso sí bien encalado, como todo aquí. Hay un horno para la cocción del manjar más antiguo con el que el hombre se deleita: el pan.
Este molino fluvial donde he encontrado todas estas extrañas invenciones del hombre para el aprovechamiento de los recursos naturales de su entorno, respetando a la misma vez, se encuentra a pocos kilómetros de Trigueros. Pero para poder visitarlo debes superar una gran prueba, pues para visitarlo has de hacerlo en el siglo XIX o principios de éste. Si vas en la actualidad sólo conseguirás imaginarlo dadas las ruinas allí enclavadas, y mal conservadas. Sobre las piedras redondeadas por el surcar monótono de las aguas de la ribera. Está muy cerca del lugar denominado la “pasá de Santa Ana”, tan conocidas por nuestros mayores. Reconocida como auténtica maravilla pasada y seguro, futura, me dice; dados los provechos de los recursos naturales posibles en nuestro entorno. Claro, si pensamos en la tan de moda economía, no será futuro. O sí, dada la gran expansión del nuevo turismo, denominado, “turismo rural”. Quizás la historia del lugar, algunos buenos retoques, aprovechando el emplazamiento pueda hacer lograr la idea.
¡Qué, lo habíais pensado ya, verdad!
Correteando cerca del lugar he visto algo que debió tener su importancia, dicen de una fuente natural. Pero bueno esa es otra historia. Ya veremos.

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