9º RELATO. Después de Leer…

9º RELATO. Después de Leer…

Me llamo Jacques, quiero haceros llegar una historia del día siguiente a la lectura de un artículo aparecido en el periódico “El fantasma Del Conquero” (Edición Mayo 1899).
Quedé suficientemente interesado en conocer por mis propios medios, aquella maravillosa creación técnica de nuestros más sabios hombres, con el fin de saber más sobre los logros para mejorar los días que por aquí estamos.
Aunque según logré descubrir, el autor del artículo escribiría por alguna publicación del lugar, pues no creo que visitara el mismo. Habida cuenta de que no es una maravilla, sino tres las maravillas enclavadas en el lugar. Bueno no voy a adelantarme a deciros la crítica surgida en mi mente sobre dicho autor tan pronto vi aquello, os iré contando. Perdonad mi impaciencia.
Me levanté al clarear el ía, un gallo, fornido en su cantar, me avisó de la hora como todas las mañanas, pero ésta era especial, me iba a embarcar en una de las grandes aventuras de mi lograda vida en mil y un viajes.
Descubriré el tan preciado molino de la Pasá Santana, me dije. Tomé mi asnín, Joe, después de haber reconfortado el gaznate con un gran tazón de leche recién ordeñada y unos buenos trozos de pan, si aquello puede llamársele así, mis alforjas repletas las puse de lo necesario para un posible largo y arduo camino: chorizo, queso, pan, tabaco y la bota bien llena.
Coloqué todo sobre Joe, junto a una manta por si la noche debiera pasarla a la luz de las estrellas, no sabía qué podía ocurrir.
Preguntando, preguntando, me encontré  junto a una presa. Levantada con grandes rocas de laja y granito, amontonadas  de una manera muy bien dispuesta para con un relleno de mortero que atara y reforzara el muro de contención de la presa. Así mismo, unas compuertas dejadas por nuestros sabios, para comunicar el agua de la presa con unos canales creados para tal fin en un lateral de la misma.
Me dije, ¡ya está!, seguro estos canales me llevarán al molino, así por lo menos lo cuenta el autor en su artículo. Sigo el curso del canal hasta llegar como estaba previsto al molino. Pero no era tan grande como podía creerse del relato mencionado. Además observé una continuación del canal. ¡Regular! Algo ocurre, esto sigue, me respondí.
Continué por el borde del canal hasta encontrarme con otro molino de similares características al primero. Estuve un rato pensando: ¿qué podía haberme ocurrido?. Estaría dando vueltas y me encontraría otra vez donde mismo. Pero no, me puse a tomar notas para así luego poder replicar al autor de pacotilla, me iba enojando con él.
Igual que antes tenía una salida el canal, seguí su curso hasta encontrar esta vez otro molino pero en ruinas, dándome cuenta entonces que no había un molino en el lugar, sino tres.
Dispúseme entonces debajo de un árbol de los abundantes en el lugar, algunos replantados. Me senté en una roca, saqué mis papeles y me interné en la réplica que pensaba hacer al periódico, cuando al rato aparece alguien, no sé, no dijo su nombre. Era joven con barbas y gafas. Estuvimos largo rato en el lugar, opinamos de lo buena que había sido la ocurrencia de algún mandatario para recuperar aquella zona para esparcimiento y disfrute de los vecinos del lugar, no como otros que creerán que el esparcimiento ha de hacerse en los parques lleno de cristales de botellas rotas, bueno eso no, que todavía no han inventado los cristales. Bueno esto en...,e s un lapsus.

Al final el personaje me dijo que yo estaba confundido de lugar, que el Molino de la Pasa Santana está donde está, como dijo el autor del artículo que a buen seguro lo visitó. De todas formas antes de criticarlo debiera conocer el lugar.
El lugar donde nos encontramos se llama “Los Molinos de Beas”. De características similares que el otro, peo que aquí se utilizó la técnica de hacerlos más pequeños y menos distanciados en el cauce unos de otros, pues así podrían hacer cosas complementarias entre todos, aunque a menor escala.
Siendo así, verdad es: “Antes de criticar es bueno conocer” nos dijo alguien hace mucho tiempo. “Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, que la viga en el propio”.
Animo a visitar de todas formas este merendero que han recuperado en este entorno mediante una escuela-taller o algo así, bueno eso será un invento del futuro, digo yo. Podemos echar un día de molinos y visitar los dos lugares, pues no distan tanto.
Jacques montó en su asnín Joe, saludó al de las barbas y dispuso viento en dirección al Molino de la Pasá Santana. Este molinito no se me queda por ver, se iba diciendo. Pues preguntando, preguntando allí iremos llegando…

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